La flor del albérchigo

Cuando lo que escribes son botellas que lanzas a la blogosfera, que nunca sabes si llegará, o no, a un destinatario, lo que sale de la pluma obedece a un impulso  sincero , directamente relacionado con el estado de ánimo, lo que sientes o vives en el momento que pulsas las teclas. Será por eso que los últimos post que he escrito  estaban impregnados de nostalgia y melancolía, estado que no se bien si será algo temporal  y pasajero , o igual es permanente, se corresponde con el tramo de vida que me toca recorrer.

Como quiera que pienso que la melancolía es dulce, pero da pereza al intelecto, voy a intentar despegarme un poco de su capacidad adictiva, volver a centrarme en aquellos aspectos que dieron lugar a que empezará a escribir este blog, mi reencuentro con la Naturaleza, con la vida rural, después de tantos años de vida urbana. Me ayudará en este propósito la primavera, bendita primavera, aunque ya no sea como era.

El impulso vital de la primavera, sus efectos en la arboleda que me empeño en cuidar y mantener, siempre me llena de un entusiasmo vital, me hace olvidar las limitaciones físicas que empiezan a resultar evidentes e inevitables.

En esta mañana del primer día oficial de la primavera, lluvioso y de un cielo gris plomizo, la flor del albérchigo, del joven albérchigo hijo de un esqueje del pundonoroso árbol que tuve que cortar el pasado otoño, carcomido por la edad y el hongo negro sinuoso y letal, ha florecido por primera vez.


Flor del albérchigo, paladeo ese nombre, albérchigo, que suena en mi garganta a voces antiguas, casi olvidadas, que la homogeneización impuesta por los medios, las redes sociales, terminará por situar en peligro de extinción si no las cuidamos los "ancianos" del lugar, y se las dejamos en herencia a nuestros descendientes.

Hago un inciso, para poner en valor la publicación que ha hecho nuestro Ayuntamiento, dando difusión a esas palabras en peligro de extinción, mediante cartelería de gran formato distribuidas por las calles del pueblo. Todas son bellas y se merecerían un post dedicado al tema, pero como hay no va de eso, haré mención a una que he comprobado ya no está en el  diccionario de la RAE. Se trata de "cajumbrá ", una forma muy nuestra de decir dintel. He echado de menos que entre esas palabras a recuperar no tenga cartel propio "hingaleta" o "jingaleta", palabra que hace años dejé de escuchar para definir a una personalidad informal, poco de fiar, inconstante y deshonesta. Como no era una palabra normativa, sino arcaísmo de las antiguas lenguas olvidadas, no se bien si al escribirla se trataba de comenzar con una hache aspirada o era cosa de poner ya el sonido que más se le parece, el de la "j", nuestra "j".  

Pero tras el inciso vuelvo al tema de este post, la primavera, sus efectos en la arboleda , y sus variaciones de comportamiento, tan apreciables tan extraordinariamente apreciables en el corto espacio de tiempo de una vida humana, que debiera preocuparnos.

Dice el diccionario que "albérchigo" es una forma de nombrar en Andalucía a una especie la "prunus armenica", familiar directo del "albaricoque" y el melocotón. Algo los emparenta, pero el "albérchigo" tiene personalidad propia, un hueso rugoso al que se le pega la carne, muy distinto del hueso liso del "albaricoque" que por aquí llamamos también damasco, en realidad "amasco", y del hueso liso del melocotón.

Lo que decía de las primaveras extrañas de este tiempo extraño, el "amasco" de mi arboleda, después de algunos años de cosecha inacabable moteando el suelo, lleva un par de años perezoso, una intensa floración y luego nada. Un único ejemplar se divisa engordando, su floración es muy anterior a la del "albérchigo", entre el denso follaje que lo ampara.


Ese extraño comportamiento sería anecdótico si no fuese semejante al de los almendros, que se han dedicado a parada estacional, decretada por el desorden de información de las veleidades climáticas, y lucieron nevada de flores blancas en febrero que cuajan en muy poca fruta.





Tengo dos variedades, marconas y mollar, y ambas tiene un comportamiento similar, algo más productivo el mollar, pero nada que ver con las abundantes cosechas de años anteriores.

Por contra ,el único naranjo navel que hay en la arboleda ha pasado por distintos estadios en los años anteriores; en 2024 las naranjas se mantuvieron verdes, pero de sabor dulce, hasta mayo, en 2025 sólo cuajaron tres naranjas perdidas entres la frondosidad de nuevos brotes, y este año luce cuajado de azahar, ya veremos en qué se concreta.


Otra incidencia a resaltar de ese desorden que aprecio en la Naturaleza en estos últimos años, está en los perales, tengo uno que llamamos de San Juan, y otro de las nuevas especies introducidas, la variedad "nashi". Ambos tiene una inflorescencia abundante, como puede verse en las fotos. Pues bien el verano pasado el nashi se comportó sin novedad, aun tengo peras guardadas en un cajón frigorífico, pero al de San Juan se le cayó toda la cosecha a la vez, en una sola noche, inexplicable.



Sin embargo las higueras, de Lepe y Málaga, tienen un comportamiento disciplinado y por mucho que las tale y pode agresivamente, cumplen lo esperado y nos regalan higos en abundancia para comer frescos y pasados, que en estos días empiezan a apuntar.




Quienes parecen que ni sufren ni padecen con estas variaciones súbitas y desordenadas de la climatología, son los árboles de sombra, fresnos y algarrobos, incluso éstos últimos ya se han comportado regalándonos algarrobas dulces, aunque aún de vaina pequeña. Pero lo cierto es que caduca o perenne, las hojas  lucen pujantes y lustrosas.



Algo similar sucede con el níspero, al que hay que castrar sin miedo cada año, para que la fruta, la primera de la temporada, goce de buen tamaño.


Cada uno es cada cual, unos con la fruta engordando, otros en flor, en tanto otros, perezosos, como los manzanos, los ciruelos tardíos , los nogales del país y pecano ,esperando que llegue la calor para mostrar sus galas.








A medio camino anda el membrillo, un nuevo brote surgió del viejo árbol agotado de varios trasplantes y este año ha decidido mostrarse valiente y precoz con sus primeras flores.


Parece que funciona, hoy tocaba hablar del estado de ánimo de mi arboleda, puede que tan complejo y contradictorio como el mío, pero para no acabar de forma tan bucólica esta entrada, viro un poco al inciso de las palabras del principio, y anexo la última obra de técnica mixta sobre papel de algodón, "En el quicio", pues "quicio" también es una palabra que empieza a tener poco uso, quizás será por los  pocos los lances de amor que se den ya en los "quicios".



Esta obra ilustrará una de las historias de "Los alborozos de plenilunio de Nito Moreno", la del protagonista con Pilar , de quien habla según los primeros versos de un romance más largo, que se publicará algún día.


El pilar de la duda

Si se trata de Pilar

nunca sé si voy o vengo

sólo sabe marear

las ganas que yo le tengo





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